Comportamiento social o ideología que separa y considera inferiores a las personas por su raza, clase social, sexo, religión u otros motivos ideológicos, es una de las definiciones que proporciona el diccionario de la palabra discriminación. Se suele decir que el gen de esta conducta reside en la naturaleza humana y responde a una cuestión cultural. Negros, indígenas, gordos, discapacitados, homosexuales, judíos, árabes, petisos, chicanos, bolivianos, peruanos, sudacas, hambrentinos... La lista podría hacerse interminable porque seguramente cada país tendría un grano de arena para aportar.
El tema se reflotó hace unos días a partir de la difusión de un sondeo que realizó el instituto Gino Germano, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, por encargo de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas. Este reveló que el 30 % de la población argentina prefiere no vivir en barrios con grandes concentraciones de habitantes de origen judío o boliviano.
Por otro lado, se divulgó una investigación del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), que indica que tres de cada diez argentinos fueron discriminados alguna vez. La encuesta indica que la mitad de la población presenció un acto de segregación, no obstante, un 6% hizo una denuncia, lo que refleja que la segregación se padece en silencio o no se confía en las instituciones que se ocupan de estos asuntos. En Tucumán, un 37% dijo haber sufrido alguna vez por este motivo, mientras que un 75% cree que se discrimina mucho en nuestra provincia. El estudio reflejó que más del 70% de la sociedad se caracteriza por tener pensamientos o prácticas discriminatorias. De acuerdo con el sondeo, los más marginados son los pobres, los feos, los gordos y los discapacitados, y les siguen los que padecen enfermedades contagiosas, las minorías sexuales y los extranjeros. La delegación local del Inadi informó que en lo que va del año, registró más de 2.000 solicitudes de intervención por distintas denuncias de discriminación, alrededor de siete denuncias diarias. La mayoría corresponden a discapacitados, seguidos por mujeres que consideran que en el ámbito laboral no tienen las mismas oportunidades que los hombres. Las denuncias por racismo o por cuestiones religiosas, pero son muy pocas, según la titular del Inadi local.
Más allá de los porcentajes, lo real es que la segregación existe en nuestra sociedad y es posible que también aquellos sectores excluidos también incurran en lo mismo de lo que ellos se sienten víctimas. Si un tercio de la población de nuestro país discrimina a algún sector de la sociedad por cualquier razón, sería positivo que aceptáramos esa realidad como un problema y nos preguntáramos qué haremos en consecuencia para revertir esa intolerancia.
Creer que hay seres inferiores por el color de la piel, por ejemplo, o negarles sus derechos, por ejemplo, a los pueblos originarios, o en muchos aspectos, a los discapacitados, cuyas leyes protectoras en una buena parte no se cumplen, está reflejando que hay ciudadanos de primera y segunda clase en nuestra sociedad y que la igualdad no existe. Si no hubiera segregación en la Argentina no existiría el Inadi. El punto de partida para generar un cambio es la educación en todos los ámbitos. En la medida en que aprendamos a ponernos en el lugar del otro, estaremos dando un paso importante para mejorar las relaciones humanas.
El tema se reflotó hace unos días a partir de la difusión de un sondeo que realizó el instituto Gino Germano, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, por encargo de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas. Este reveló que el 30 % de la población argentina prefiere no vivir en barrios con grandes concentraciones de habitantes de origen judío o boliviano.
Por otro lado, se divulgó una investigación del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), que indica que tres de cada diez argentinos fueron discriminados alguna vez. La encuesta indica que la mitad de la población presenció un acto de segregación, no obstante, un 6% hizo una denuncia, lo que refleja que la segregación se padece en silencio o no se confía en las instituciones que se ocupan de estos asuntos. En Tucumán, un 37% dijo haber sufrido alguna vez por este motivo, mientras que un 75% cree que se discrimina mucho en nuestra provincia. El estudio reflejó que más del 70% de la sociedad se caracteriza por tener pensamientos o prácticas discriminatorias. De acuerdo con el sondeo, los más marginados son los pobres, los feos, los gordos y los discapacitados, y les siguen los que padecen enfermedades contagiosas, las minorías sexuales y los extranjeros. La delegación local del Inadi informó que en lo que va del año, registró más de 2.000 solicitudes de intervención por distintas denuncias de discriminación, alrededor de siete denuncias diarias. La mayoría corresponden a discapacitados, seguidos por mujeres que consideran que en el ámbito laboral no tienen las mismas oportunidades que los hombres. Las denuncias por racismo o por cuestiones religiosas, pero son muy pocas, según la titular del Inadi local.
Más allá de los porcentajes, lo real es que la segregación existe en nuestra sociedad y es posible que también aquellos sectores excluidos también incurran en lo mismo de lo que ellos se sienten víctimas. Si un tercio de la población de nuestro país discrimina a algún sector de la sociedad por cualquier razón, sería positivo que aceptáramos esa realidad como un problema y nos preguntáramos qué haremos en consecuencia para revertir esa intolerancia.
Creer que hay seres inferiores por el color de la piel, por ejemplo, o negarles sus derechos, por ejemplo, a los pueblos originarios, o en muchos aspectos, a los discapacitados, cuyas leyes protectoras en una buena parte no se cumplen, está reflejando que hay ciudadanos de primera y segunda clase en nuestra sociedad y que la igualdad no existe. Si no hubiera segregación en la Argentina no existiría el Inadi. El punto de partida para generar un cambio es la educación en todos los ámbitos. En la medida en que aprendamos a ponernos en el lugar del otro, estaremos dando un paso importante para mejorar las relaciones humanas.